Los santos son modelos que la santa Iglesia Católica, nuestra madre y maestra, nos propone para que intercedan por nosotros, nos guíen, acompañen, enseñen e inspiren. Pero no con el fin de vivir una vida igual a la suya, sino para encontrar nuestro propio camino, único e irrepetible, aquél que Dios soñó al crearnos. En palabras del poeta: “si tu sigues tu estrella, errar no puedes a glorioso puerto” (Divina Comedia, Infierno XV, 55)
En medio de los desafíos de este mundo, firmes en la fe y alegres en la caridad, queremos peregrinar con una esperanza viva que, mirando lo que se nos promete, nos animen a realizar en esta vida grandes empresas, viviendo a la altura de nuestra vocación.
Por eso, también elegimos nuestros patronos, aquellos a quienes pedimos por esta obra ya que, gracias a ellos, somos herederos de una maravillosa tradición clásico-cristiana, de donde abrevamos y cuyas principales virtudes queremos dar a conocer a muchos.
Ellos son san Benito, la venerable Isabel de Castilla y santo Toribio Mogrovejo. Asistidos siempre por la protección e intercesión de la Sma. Virgen María, bajo la advocación de María Auxiliadora.
San Benito
Patriarca del monacato occidental. Fiel testigo de una cultura que sus monjes acuñaron para conservar y transmitir lo que de otro modo se hubiera perdido.

